Riesgo en el mirador al anochecer
El mirador estaba casi vacío al anochecer. Nos besamos contra la barandilla y enseguida su mano bajó por mi falda. Me corrí de pie, mordiendo su hombro, mientras una pareja lejana paseaba perros. Luego lo saqué del pantalón y lo masturbé rápido, mirando si alguien subía las escaleras. Fue corto, sucio y electrizante. Bajamos como turistas inocentes. No lo recomiendo a cualquiera, pero esa noche el peligro fue parte del placer. Casa fue el segundo round, ya sin testigos.
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