Cuerdas suaves y una palabra de seguridad
Quedamos para una sesión light: ataduras suaves, vendas y nada extremo. Repasamos la palabra de seguridad y los límites. Me ató las muñecas a la cabecera, me besó el cuello y controló el ritmo con una calma que me volvió loca. Cada vez que yo gemía más alto, él paraba un segundo para mirarme y confirmar. El contraste entre no poder moverme y confiar plenamente me hizo correr más fuerte de lo normal. Después me soltó, me dio agua y me abrazó hasta que bajó la adrenalina. El buen BDSM, para mí, es eso: poder y cuidado a la vez.
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