Lluvia, vino y follar despacio
Llovía sobre el patio interior. Abrimos una botella, pusimos música baja y nos olvidamos del reloj. Me desnudó botón a botón, me tumbió y me besó desde el cuello hasta dentro de los muslos. Cuando entró en mí lo hicimos muy despacio, casi sin hablar, solo miradas. Me abrazó al correrme y siguió moviéndose hasta acabar él, temblando. Nos dormimos todavía enlazados, con la lluvia como fondo. No todo el sexo tiene que ser salvaje: a veces la pasión es exactamente esa calma.
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