Nuestra noche lenta en Ciudad de la Costa
Cerramos la puerta, apagamos el celular y nos dimos permiso para ir despacio. Empezó con un masaje en el sofá, siguió en la ducha y terminó en la cama con besos largos. Me hizo el oral hasta que casi no podía más y luego entramos juntos, mirándonos. Cambiamos el ritmo varias veces: suave, fuerte, otra vez suave. No había prisa ni pantallas. Solo su peso, mi voz y el calor de las sábanas. Después nos quedamos abrazados hablando de tonterías. A veces el mejor sexo en pareja no es el más acrobático, es el más presente.
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